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¿El fin de la prensa?

Published on 16/05/2011

El Día de Ciudad Real y la Tribuna de Salamanca dicen adiós

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Quedan 32 años para que se venda el último ejemplar de periódico. El periodista norteamericano Philip Meyer así lo calculó: si se mantiene el ritmo actual de pérdida de lectores de los diarios, en la primavera de 2043 dejarán de existir los periódicos impresos. Independientemente del cálculo, la idea enseguida convirtió a Meyer es una referencia habitual de los analistas que mantienen el largo y todavía inacabado debate sobre el futuro de la prensa.

En el otoño londinense de 2009, Arthur Sulzberger, editor de The New York Times, aguardaba el momento de su intervención en la cumbre mundial de periódicos de la WAN mientras pensaba en cuál de las frases que diría a continuación se convertiría en el titular que daría la vuelta al mundo. Lentamente, inició el recorrido hacia la tribuna de oradores para arrancar su intervención. Apenas una hora más tarde, las ediciones on line de los grandes periodicos del mundo abría su sección de comunicación con este titular: “En algún momento dejaremos de imprimir The New York Times”. Tras conocer la noticia, editores de todo el planeta gritaban simultáneamente por sus respectivas redacciones: “¿Y qué hacemos nosotros ahora?!  El New York Times ya sólo sale on line!”.

Eran editores exhaustos tras tanto esfuerzo para intentar contener las caidas en ventas, lectores y publicidad. Editores desconcertados porque el supuesto anuncio de The New York Times anticipaba todos los tiempos. Editores desconcertados porque el supuesto anuncio de The New York Times anticipaba todos los tiempos. Editores histéricos que empezaron a improvisar planes de todo tipo, planes de reestructuración de plantilla,  propuestas a consultores, planes de nuevos contenidos de pago, planes convergentes de redacciones multimedia … mientras la publicidad y la cifra de lectores seguían desplomándose.  Sulzberger no fue muy explítico en precisar lo único relevante de un anuncio previsto por todos: cuándo sucedería aquello. Hoy, la edición en papel The New York Times sigue distribuyéndose. Dejará de hacerlo algún día, seguro. Pero todavía no sabemos cuándo ni qué cosa exactamente le sustituirá.

No ha tenido mucha suerte la industria informativa. Demasiadas crisis a la vez. A la económica,  ha tenido que añadir otra mucho más profunda, la de su propio modelo, y que, desde la  imposición de la cultura de la gratuidad en internet, ha acabado desquiciando a editores y directores de darios. El dibujo de los últimos años se compone con rápidez: caída de los ingresos publicitarios, caida de difusión, pérdida de lectores, recortes drásticos de plantilla, pérdida de calidad, pérdida de credibilidad. En la dura batalla para posponer el fin anunciado por el agorero Meyer, los medios buscan y ensayan nuevos modelos y estrategias de negocio: convergencia multimedia, contenidos de pago, contenidos en abierto, canal premium, estrategia freemium… La esquizofrenia ha estado justificada. Nadie estaba preparado para ésto. Y la industria periodística es un gran elefante de movimientos lentos.

Apenas somos capaces de interpretar el presente, ¿quién se atreve a hablar de futuro? En medio de constantes ensayos, encontramos algunas tendencias de consenso: la distribución acabará siendo exclusivamente on line –la conversión del periódico de papel en el suplemento semanal de pago aguantará lo que duren los últimos nostálgicos—; el modelo de negocio se parecerá bastante al esquema noventa-diez: una parte muy pequeña de lectores dispuestos a pagar por contenidos premium financiarán el periódico en abierto para todos los demás; los medios serán … multimedia, abiertos, socialesciudadanos…;  las tabletas serán facilitadores de los nuevos formatos y canales de distribución; las grandes marcas estarán en mejores condiciones para afrontar los cambios; las noticias seguirán siendo uncommodity –vícticmas de la red abierta y gratuita— así es que los periódicos tendrán  que ofrecer mucho más que información…

Para que todo esto sea posible resulta  necesario que la publicidad on line incremente considerablemente su peso en la distribución de ingresos publicitarios. Hoy apenas superan el 15%, cifra a la sólo llegan o se aproximan tres de los principales principales grupos editoriales españoles de prensa diaria. A mucha, demasiada distancia del resto y, especialmente, de la prensa local.

Parece que hay un camino a seguir, no figura en ningún mapa, es estrecho y sinuoso, pero marca una dirección. Se hace muy difícil pensar que la prensa y, especialmente, la función social que desempeña, pueda llegar a su fin. Seguimos necesitando las noticias, la información, especialmente aquella que no se puede conseguir a granel.

En nuestro país, los grandes grupos editoriales están siendo los pioneros dentro del mapa periodístico español en ensayar los nuevos formatos y en construir las bases del nuevo modelo. Van muy por delante. La prensa local está cogiendo algo de impulso y las renovaciones de sus ediciones on line son cada vez más firmes y decididas.   Pero la distancia que la separa de las grandes marcas informativas se acrecienta cada vez más. Es la gran brecha digital que aún no ha conseguido salvar la prensa local. No le queda ya mucho tiempo.

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